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VI ALTA RUTA MULHACEN CON ESQUIS DE TRAVESÍA ( 20 y 21 /03/2004 )

 

Mire Vd. que le tiene que gustar a uno esto, para empezar por levantarse tan temprano un día festivo, en lugar de quedarse en la cama. Y es que los hay “masocas”, vamos, porque a la hora de la cita ya había algunos que llevaban allí media hora esperando, antes de que llegara el bus.

Hubo que someter a torturilla china al conductor para que nos permitiera dejar las fundas de los esquís en el autobús durante el fin de semana, pero como éramos superiores en número, el buen hombre se lo pensó mejor y aceptó “de buen grado”.

Cómo estaría la cosa, que al llegar a Trevélez hubo estampida; unos se atrincheraron en el horno, donde la atónita panadera no daba abasto a vender “cjuasanes alpujajjeños” y pan de higo. Otros, se ve que los mas veteranos, se acodaban en el bar de la plaza esperando un bocadillo de jamón de esos que para “endiñarle” un bocado hay que hacerse un esguince de mandíbula.

¡Bueno, vamos! Apremiaba la buena de Macu al personal, para que nos fuéramos poniendo en marcha; pues había contratado un todoterreno que llevaría los esquís y botas hasta el límite de la nieve. Alguno intentó camuflar su mochila entre el cargamento de esquís, para ir mas ligerillo, pero no coló. La que sí tuvo que hacer un esfuerzo para separarse entre lágrimas de sus camaradas fue Mariangeles Peñalver, que se vió obligada a irse en el coche para indicar el camino al buen hombre que inexplicablemente, a pesar de haber echado los dientes en Trevélez, decía ella que necesitaba de guía espiritual.

Un grupillo de intrépidos, no contentos con lo que nos esperaba al resto de los mortales, decidió echar por la “trocha”. Voy a dar sus nombres por si alguien desea llamarlos al orden: Lorenzo Arribas, José Ramón Carmona, Alicia Álvarez, Óscar Muñoz, Esperanza Jiménez, Paco “Córcovo” y José Ángel Nieto. El caso es que estos “escaqueados”, se lo hicieron por una ruta alternativa: Trevélez-La Campiñuela-Siete Lagunas-Alcazaba-bajada por la cara oeste a la Mosca-collado del Ciervo-bajada por el valle del río Mulhacén al refugio del Poqueira; total un paseillo primaveral, todo mucho mas llano; ¡donde va a parar!.

Mientras, nosotros, un tanto envidiosillos, y para no ser menos, empezamos por dar un rodeo en la subida y fuimos a salir mas arriba de donde nos esperaba el todoterreno. Qué cargo de conciencia no tendría Mariángeles que nos había descargado mochilas y esquís tan primorosamente que aquello parecía un escaparate del Corteinglés.

El asunto es que la nieve no estaba tan cerca como habíamos previsto, así que hubo que echarse a lomos la equipación completa; había un cierto cachondeo con que el que suscribe porque iba tan arriñonado, que se parecía a la “Mula Colorá”, una señora a la que no tenía el gusto de conocer. Coñas aparte, al que vimos hacer un esfuerzo especial, fue Pacoluí, que no pudo superar la tentación de acudir a pesar de tener su espalda fastidiada. Siempre heróico.

Macu se había subido a la báscula de su baño con mochila y todo, y creo recordar que el sobrepeso era de unos 18 kilos.

Por fin llegamos al primer nevero y nos calzamos entusiastas las botas y esquís. Pepe Molina y Elena Gómez, prefirieron las raquetas que son mucho mas “chic”, aunque no eran de paddle, ahora que andan de oferta por estrepitosa caída de la demanda.

En la cabeza de la expedición, lucían musculosas las pantorrillas de Antonio Camy (asegura ser tataranieto de los cienmil hijos de San Luis), que presumido él, había deslizado las cremalleras laterales de su pantalón como el que no quiere la cosa para deslumbrar al personal. Lo que pasa es que su asesor de imagen no cuidó los horrorosos calcetines, que le conjuntaban fatal. Le seguía sin perder paso, Jose Peña, y luego Paco Guerrero, que haciendo honor a su nombre tiraba para arriba arrastrando de una pesada mochila, que tenía un aspecto tan peculiar, que mas pareciera que iba a montar el top-manta en lo alto del Mulhacén, porque le sobresalían cosas de lo mas curiosas por todos los bolsillos.

Llegados al Chorrillo el resto del grupo, Pacoluis se arrimó al grupo y creemos que se hizo el lesionado para no tener que abrir la mochila y echarse al coleto un refrigerio que le ofrecían los generosos los camaradas. Eduardo Galdo fue severamente amonestado por no cumplir con su hábito de acarrear con una botellita de buen Rioja para estas ocasiones.

La bajada hasta el refugio del Poqueira, fue un placer para las piernas, retiradas las pieles, y sintiendo por primera vez en el rostro la brisa agradable destilando aromas de tomillo que aún suben valle arriba. Vaya cursilada.

Para aromas, los del Camy que, ni llegando el primero; ni siendo acosado por las insinuaciones de los demás que se señalaban tímidamente la nariz para ver si cogía la indirecta, conseguían que el “Alcalino” se duchara. Argumentaba no sabemos qué sobre su religión. Al final sucumbió a la presión popular, mientras Carlos Orellana se duchó con agua fría, mas bien helada, pues aseguraba que le venía mejor para enjabonarse la melena. Algún otro jabato siguió su ejemplo. Masajes, cena tempranera y vinillo del terreno, remataron la dura jornada con todos haciendo una “litera redonda” en plena orgía de ronquidos.

Allá sobre las 8, se inició el ascenso por el río Mulhacén. Un pelín de fresquete, que se disipó en cuanto aparecieron los primeros rayos de sol. En poco tiempo el grupo se había desparramado por la ladera. En buena parte de la subida hubo nieve, salvo algunas calvas donde hubo que echarse los esquís al hombro. Para cuando nos dimos cuenta, ya estábamos en lo alto del Mulhacén. Además de los ya nombrados, en el grupo también estaban las dos Alicias (Alvarez y Pérez); sus “chicos” Óscar Muñoz y Alfonso Benítez; Paco Pérez que se entrena para ir a Pirineos y también Kike Ávila con sus comentados ojos oceánicos. Pedro Becerra y Luís Barrionuevo demostraron que en Málaga también nieva todo el año.

Las Quesadas, Mª Ángeles y Pilar, con Ramón Otero a su verita. Emilio Fernandez (padre) y Patricia Fernández (hija). David Román y Jose Ángel Nieto, dos embajadores del Treparriscos. Y el sevillano Manolo Perdigones. Curro Huete también estaba entre los avanzados en la cumbre. Macu Fernández, siempre atenta, se esperó con Esperanza para asistir a Carlos.

Y cuando, por aquello de “abucharar” al personal, llegaron como si nada los que se habían adelantado para hacer la Norte del Mulhacén, o sea: Ana Vílchez, Jose R. Carmona (éste se apunta a todas), y Lorenzo Arribas (...!y tan arribas¡). Fue entonces cuando con paso atlético arribó a la cima, recortada en el horizonte su noble estampa algo cascada por un inoportuno resfriado, nuestro ilustre presidente Garardo Benavides.

Hubo un divertido momento cuando apareció todo disciplinado un grupo de “guiris” en fila india y a paso marcial. Los capitaneaba un guía de Motril al que llaman “Primi”. Pero cuando a uno de los nórdicos dijo de escapársele un esquí ladera abajo, el susodicho motrieño le echó un rapapolvos, que un pariente suyo desde la costa, lo oyó y le devolvió el cumplido.

Unos cuantos (siete creo, no daré nombres), iniciaron el descenso asegurando que, como estaban sobrados de fuerzas, iban a aprovechar para subir a la Alcazaba en el tiempo que los lentorros del resto bajábamos del Mulhacén. Luego se supo que era una burda treta para llegar antes a donde el jamón, porque no subieron ni a la Alzababa, ni ná de ná.

Lo que no se puede negar es la calidad de la nieve en el descenso a 7 Lagunas, es que era buenísima; donde se pudieron lucir a placer los y las mejores esquiadores(as). Era extraordinaria, pero qué poco duraba la puñetera nieve. Enseguida había que ir remando para apurar hasta el último metro o saltando calvas.

Y allí a lo lejos, se vislumbraba ella; sí, ¡era ella!. Por fin iba a conocer a la famosísima Mula Colorá, que acababa de traer hasta la Campiñuela, una arroba de vino, dos quesos de los de verdad, y un jamón, que desapareció en un visto y no visto bajo la certera y afilada espada de Hita, que había subido desde Trevelez. Con el cachondeo de que a Pepe, se le habían olvidado los vasos, no había otra forma de beber que las que iban surgiendo de la improvisación, y que no es otra que la que lleva a beber sin calcular la medida. Y qué ocurre, pues que la cosa se vá animando. Que si cantos regionales, que si exaltación de la amistad, etc etc. Y ya se sabe, que la inspiración llega, y surgió un conjunto músico-vocal, con Macu como solista y Mariangeles como directora, y que acaban de firmar un contrato con una gran discográfica multinacional.

E.G. Marzo 2004.

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